Renacimiento y racionalismo · Capítulo 2
El cogito: existo mientras pienso
Incluso si me engaño en todo, para engañarme tengo que existir. Esta certeza aún no dice nada del cuerpo: solo revela una cosa que piensa.
¿Qué significa «yo soy, yo existo»?
La fórmula habitual del cogito es «pienso, por tanto existo». En la segunda Meditación, Descartes expresa esta certeza con «yo soy, yo existo». No quiere decir que ya conozca todo lo que soy: quiere decir que no puedo ser inexistente mientras estoy pensando.
Hay que entender tres aspectos:
- Es una certeza en primera persona. Reconozco mi existencia en el mismo acto de pensar; no la descubro observándome desde fuera.
- Es inmediata. Descartes no necesita comprobar primero que los sentidos funcionan bien: reconoce directamente que, mientras piensa, existe. Los pasos anteriores explican esta evidencia; no son un silogismo que dependa de haber demostrado antes una premisa general como «todo lo que piensa existe».
- Vale mientras pienso. Este razonamiento asegura mi existencia en el acto presente de pensar. No demuestra, por sí solo, qué pasa si dejo de pensar.
Pensar no es la causa que me crea. Es lo que me permite reconocer con certeza que existo. Por tanto, el «por tanto» expresa una consecuencia del razonamiento, no una producción de mi existencia.
Tampoco puedes transformar «existo mientras pienso» en «si no pienso, seguro que no existo». La primera afirmación establece una certeza; la segunda va más allá de lo que este razonamiento ha justificado.
Del hecho de que existo al sujeto pensante
Descartes distingue dos preguntas:
| Pregunta | Respuesta que puede dar en este punto |
|---|---|
| ¿Existo? | Sí, necesariamente, mientras pienso. |
| ¿Qué soy? | Una cosa que piensa. |
La expresión cosa que piensa, en latín res cogitans, designa al sujeto que realiza los actos de pensamiento. Aquí, «cosa» no significa un objeto material, como una silla. Significa un ser que existe y que reconozco como pensante.
El paso es este: como todavía puedo dudar de mi cuerpo, no puedo hacer depender de este cuerpo la primera certeza sobre mí mismo. En cambio, no puedo eliminar el pensamiento, porque incluso intentar eliminarlo exige pensar. Por eso, Descartes reconoce primero el yo como sujeto pensante.
Esto no equivale a haber demostrado que el cuerpo no existe. No tener certeza del cuerpo no es lo mismo que tener certeza de que no hay cuerpo. En este punto, Descartes establece qué conoce con seguridad de sí mismo, sin haber resuelto todavía completamente la relación entre mente y cuerpo.


Por qué la imaginación no aclara qué es el yo
Imaginar es contemplar la figura o la imagen de una cosa corporal. Si intento saber qué soy imaginándome como un viento, un fuego o un aliento sutil, me represento como un cuerpo. Pero en este punto solo sé con certeza que soy una cosa que piensa; no sé que soy un cuerpo. Usar imágenes de cuerpos para conocer el yo sería dar por supuesto lo que todavía es dudoso. Descartes lo compara con decir: «estoy despierto, pero me dormiré para verlo más claro en un sueño».
Imaginar sigue siendo un modo del pensamiento (sección 4). La limitación no es que imaginar no sea pensar, sino que las imágenes representan cuerpos y no muestran qué es el yo que piensa.
Los actos de esta cosa que piensa son dudar, entender, afirmar, negar, querer, imaginar y sentir. Por eso, la mente no se conoce imaginándose, sino entendiéndose. Descartes admite, además, que todavía no decide si las cosas corporales de las que duda podrían ser, en realidad, el mismo yo: solo dice que no las conoce con certeza. Se trata, pues, de una prioridad en el conocimiento: conozco el yo antes que el cuerpo. Todavía no es una prueba de que el yo y el cuerpo sean realmente distintos; esa prueba llega en la Meditación VI.
Pensar no es solo razonar: los modos del pensamiento
Para Descartes, pensar tiene un sentido amplio. Incluye dudar, entender, afirmar, negar, querer, imaginar y sentir. Estas actividades son modos del pensamiento, es decir, maneras concretas en las que el sujeto piensa. También incluye el hecho de no querer o rechazar algo.
Estos ejemplos te ayudan a distinguirlos:
| Modo | ¿Qué hago? | Ejemplo |
|---|---|---|
| Dudar | Pongo en cuestión una afirmación. | «No sé si estoy despierto.» |
| Entender | Comprendo un significado o una razón. | «Entiendo que dudar es pensar.» |
| Afirmar | Acepto una afirmación como verdadera. | «Existo mientras pienso.» |
| Negar | Rechazo una afirmación. | «Niego que esta respuesta sea correcta.» |
| Querer | Deseo o decido algo. | «Quiero encontrar una certeza.» |
| Imaginar | Me represento una imagen. | «Imagino una montaña de oro.» |
| Sentir | Tengo una experiencia que parece proceder de los sentidos. | «Me parece que siento calor.» |
No son siete sujetos diferentes: es el mismo yo quien duda, entiende, quiere o imagina. Por eso, la diversidad de actividades no elimina la certeza del sujeto que las realiza.
La distinción decisiva: el pensamiento y su objeto
Debes separar el acto de pensar de lo que piensas, que es el objeto o contenido del pensamiento.
Que un pensamiento tenga lugar no garantiza que su contenido sea verdadero. Puedo estar seguro de que imagino o de que me parece sentir algo, sin estar seguro de que esa cosa exista fuera de mi pensamiento.
Ejemplo resueltoLa montaña de oro · El calor de un fuego
Ejemplo resuelto: la montaña de oro
Imagino una montaña de oro.
- ¿Qué es cierto? Que ahora estoy imaginándola.
- ¿Qué no queda demostrado? Que exista una montaña de oro real.
La montaña podría no existir. Pero, como el acto de imaginar está teniendo lugar, yo existo como sujeto de este acto.
Ejemplo resuelto: el calor de un fuego
Me parece que veo un fuego y que siento su calor. Podría estar soñando; por eso, esta experiencia no demuestra todavía que haya un fuego real delante de mí.
En cambio, aunque sueñe, es cierto que me parece sentir calor. En este sentido preciso, sentir es un modo del pensamiento: es la experiencia de sentir, no la garantía de que el objeto externo exista.